A Clockwork Orange, (La Naranja Mecánica en español), es un
libro escrito en 1962 por Anthony Burgess. Sin embargo, es más conocido por la
película de culto de Stanley Kubrick, que destaca por su discurso de reivindicación
de la violencia. Su personaje principal, Alex DeLarge, es víctima de un
experimento en el cual como castigo por sus actos delictivos, se le erradica la
violencia de su ser. Es como el niño que no lo enseñan a caerse a coñazos en el
colegio con los abusadores, si no los enfrenta, perderá el respeto de sus
compañeros y su amor propio.
Hoy Venezuela enfrenta un escenario de diálogo producto de
dos meses de enfrentamiento en las calles. El opositor, tildado de mamita,
apátrida y bobo, tiene 8 semanas cayéndose a coñazo con policías, guardias
nacionales y motorizados armados. A medida que el conflicto se ha acentuado,
las “técnicas” de defensa se han afinado y hoy en día vivimos escenarios de
batallas campales. De hecho, si sacamos cuenta de los 40 muertos de lado y
lado, la cosa va “tablas”.
Dicha situación, impulsada por una devaluación y quiebra del
país no reconocida (pero ejecutada) por el Estado, ha llevado a la convocatoria
de un diálogo con la oposición, que si bien el primer mediador es un ente
nefasto como Unasur (Los mismos que exigieron que el CNE contrastara los
cuadernos electorales luego de las presidenciales de abril y después de un tiempo se hicieron los locos) y un tercero de “buena fe” como el Vaticano.
La gente luce pesimista con la convocatoria y debe mantener
esa actitud. Han sido los desórdenes promovidos por los “paramilitares pagados
por Uribe” (Sí, los mismos estudiantes que fueron a linchar al escolta de
Vielma Mora por violar a una joven de la ULA) han llevado a Maduro a un plan de
trabajo político muy parecido al económico: Ceder sin reconocer.
¿Qué puede ofrecer Aveledo, Falcón y la MUD entera al gobierno?
¿Acabar con unas manifestaciones que no controla? ¿Exigir a los medios privados
censurados por Conatel que no promuevan el “Facismo”?
Por su lado, el gobierno tiene mucho que ceder. En primer
lugar, comportarse como Estado. Una exigencia necesaria y evidente es el
nombramiento de nuevos rectores del CNE (La oposición obtendría dos y podría
colocar a radicales en dichos puestos), nombrar un contralor (Desde la muerte
de Clorosbaldo Rusian, Venezuela no tiene, ese hecho explica por sí solo la
corrupción), nuevos miembros del TSJ (es pornográfico cómo los casos políticos
se resuelven en horas mientras hay gente presa sin sentencia o con pena ya
cumplida) y una fiscal, todos de oposición.
Esas peticiones, además de la libertad de Simonovis (Si bien
los colectivos lo culpan de las muertes en Llaguno el 11 de abril, fue el único
pendejo que pagó cana y además tiene cáncer), López (Ya las investigaciones
determinaron que los asesinos de Juan Montoya y Basil Dacosta eran del Sebin) y
la restitución de los diputados y alcaldes sacados a los coñazos, son puntos
que permitirían, más allá que la oposición obtenga unos cargos de
administración pública, que nuestro modelo de democracia y país gane, y gane mucho.
La protesta en la calle, descalificada por muchos
indiferentes por su característica violenta, ha sido la garante de nuestra
democracia. Si este peo se hubiera armado cuando quitaron la inmunidad a
Richard Mardo (Por recibir financiamiento antes de ser diputado #WHF?) o
incluso aquel lunes 15 de abril ¿Qué país tendríamos ahora? ¿Los corruptos
habrían hecho fiesta con las empresas de maletín? Quizás una parte del país
estaba muy ocupada leyendo a Marx y la otra gastando su cupo de viajero a un
dólar subsidiado. En eso, opositores y chavistas, son culpables.